Marcos

14. Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

15. Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio.

16. Y pasando junto á la mar de Galilea, vió á Simón, y á Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.

17. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.

18. Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.

19. Y pasando de allí un poco más adelante, vió á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes.

20. Y luego los llamó: y dejando á su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de él.

21. Y entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba.

22. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.

23. Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dió voces,

24. Diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.

25. Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.

26. Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á gran voz, salió de él.

27. Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?

28. Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

29. Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron á casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.

30. Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella.

31. Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servía.

32. Y cuando fué la tarde, luego que el sol se puso, traían á él todos los que tenían mal, y endemoniados;

33. Y toda la ciudad se juntó á la puerta.

34. Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocían.

35. Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.

36. Y le siguió Simón, y los que estaban con él;

37. Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.

38. Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.

39. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

40. Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.

41. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.

42. Y así que hubo él hablado, la lepra se fué luego de aquél, y fué limpio.

43. Entonces le apercibió, y despidióle luego,

44. Y le dice: Mira, no digas á nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio á ellos.

45. Mas él salido, comenzó á publicarlo mucho, y á divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían á él de todas partes.

1. Y ENTRO otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa.

2. Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta; y les predicaba la palabra.

3. Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro.

4. Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.

5. Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

6. Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones,

7. Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?

8. Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?

9. ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?

10. Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico):

11. A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.

12. Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.

13. Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venía á él, y los enseñaba.

14. Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió.

15. Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.

16. Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores?

17. Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores.

18. Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?

19. Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el esposo está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar.

20. Mas vendrán días, cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.

21. Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.

22. Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

23. Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.

24. Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?

25. Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él estaban:

26. Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban?

27. También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado.

28. Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

1. Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.

2. Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.

3. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.

4. Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábado, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.

5. Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituída sana.

6. Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle.

7. Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud de Galilea, y de Judea.

8. Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán. Y los de alrededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron á él.

9. Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.

10. Porque había sanado á muchos; de manera que caían sobre él cuantos tenían plagas, por tocarle.

11. Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

12. Mas él les reñía mucho que no le manifestasen.

13. Y subió al monte, y llamó á sí á los que él quiso; y vinieron á él.

14. Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos á predicar.

15. Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:

16. A Simón, al cual puso por nombre Pedro;

17. Y á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano de Jacobo; y les apellidó Boanerges, que es, Hijos del trueno;

18. Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomas, y á Jacobo hijo de Alfeo, y á Tadeo, y á Simón el Cananita,

19. Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á casa.

20. Y agolpóse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.

21. Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.

22. Y los escribas que habían venido de Jerusalem, decían que tenía á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

23. Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás?

24. Y si algún reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino.

25. Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.

26. Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; antes tiene fin.

27. Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saqueará su casa.

28. De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;

29. Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.

30. Porque decían: Tiene espíritu inmundo.

31. Vienen después sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á él llamándole.

32. Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.

33. Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

34. Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.

35. Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

1. Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se juntó á él mucha gente; tanto, que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto á la mar.

2. Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:

3. Oid: He aquí, el sembrador salió á sembrar.

4. Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron.

5. Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía la tierra profunda:

6. Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó.

7. Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dió fruto.

8. Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió y creció: y llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento.

9. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.

10. Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola.

11. Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas;

12. Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

13. Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

14. El que siembra es el que siembra la palabra.

15. Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones.

16. Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo;

17. Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales, que en levantándose la tribulación ó la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan.

18. Y éstos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra;

19. Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

20. Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, y otro á ciento.

21. También les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No es para ser puesta en el candelero?

22. Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse.

23. Si alguno tiene oídos para oir, oiga.

24. Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os medirán otros, y será añadido á vosotros los que oís.

25. Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

26. Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra;

27. Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe.

28. Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;

29. Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.

30. Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos?

31. Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra;

32. Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.

33. Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oir.

34. Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.

35. Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.

36. Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos.

37. Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía.

38. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?

39. Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.

40. Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

41. Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?

1. Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.

2. Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,

3. Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar;

4. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.

5. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.

6. Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.

7. Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

8. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.

9. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.

10. Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.

11. Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.

12. Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos.

13. Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.

14. Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.

15. Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.

16. Y les contaron los que lo habían visto, cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.

17. Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.

18. Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él.

19. Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.

20. Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuan grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos se maravillaban.

21. Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar.

22. Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,

23. Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

24. Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.

25. Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,

26. Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

27. Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.

28. Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.

29. Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

30. Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

31. Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?

32. Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.

33. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

34. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.

35. Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?

36. Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.

37. Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

38. Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.

39. Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.

40. Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.

41. Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.

42. Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.

43. Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.

1. Y SALIO de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

2. Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?

3. ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él.

4. Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

5. Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6. Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando.

7. Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos: y les dió potestad sobre los espíritus inmundos.

8. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa;

9. Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.

10. Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí.

11. Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio á ellos. De cierto os digo que más tolerable será el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del juicio, que el de aquella ciudad.

12. Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.

13. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite á muchos enfermos, y sanaban.

14. Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por tanto, virtudes obran en él.

15. Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, ó alguno de los profetas.

16. Y oyéndo lo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos.

17. Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido á Juan, y le había aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.

18. Porque Juan decía á Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

19. Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía:

20. Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana.

21. Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galilea;

22. Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Herodes y á los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré.

23. Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.

24. Y saliendo ella, dijo á su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.

25. Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.

26. Y el rey se entristeció mucho; mas á causa del juramento, y de los que estaban con él á la mesa, no quiso desecharla.

27. Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza;

28. El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajó su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre.

29. Y oyéndo lo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro.

30. Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.

31. Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer.

32. Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.

33. Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos á pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron á él.

34. Y saliendo Jesús vió grande multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas.

35. Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron á él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya muy entrado;

36. Envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer.

37. Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?

38. Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces.

39. Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la hierba verde.

40. Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.

41. Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió á todos los dos peces.

42. Y comieron todos, y se hartaron.

43. Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.

44. Y los que comieron eran cinco mil hombres.

45. Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en el barco, é ir delante de él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedía la multitud.

46. Y después que los hubo despedido, se fué al monte á orar.

47. Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en tierra.

48. Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino á ellos andando sobre la mar, y quería precederlos.

49. Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces;

50. Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis.

51. Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban:

52. Porque aun no habían considerado lo de los panes, por cuanto estaban ofuscados sus corazones.

53. Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret, y tomaron puerto.

54. Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron.

55. Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, á donde oían que estaba.

56. Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponían en las calles á los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.

1. Y SE juntaron á él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalem;

2. Los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, los condenaban.

3. (Porque los Fariseos y todos los Judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

4. Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)

5. Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes?

6. Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, Mas su corazón lejos está de mí.

7. Y en vano me honra, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.

8. Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes.

9. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

10. Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre, y: El que maldijera al padre ó á la madre, morirá de muerte.

11. Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre ó á la madre: Es Corbán (quiere decir, don mío á Dios) todo aquello con que pudiera valerte;

12. Y no le dejáis hacer más por su padre ó por su madre,

13. Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis: y muchas cosas hacéis semejantes á éstas.

14. Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:

15. Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

16. Si alguno tiene oídos para oir, oiga.

17. Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobra la parábola.

18. Y díjoles: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar;

19. Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale á la secreta? Esto decía, haciendo limpias todas las viandas.

20. Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.

21. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

22. Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.

23. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

24. Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.

25. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó á sus pies.

26. Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.

27. Más Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos.

28. Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

29. Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.

30. Y como fué á su casa, halló que el demonio había salido, y á la hija echada sobre la cama.

31. Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidón á la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis.

32. Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.

33. Y tomándole aparte de la gente, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;

34. Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto.

35. Y luego fueron abiertos sus oídos, y fué desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

36. Y les mandó que no lo dijesen á nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.

37. Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á los sordos oir, y á los mudos hablar.

1. EN aquellos días, como hubo gran gentío, y no tenían qué comer, Jesús llamó á sus discípulos, y les dijo:

2. Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer:

3. Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.

4. Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto?

5. Y les pregunto: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.

6. Entonces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante á la multitud.

7. Tenían también unos pocos pececillos: y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.

8. Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas.

9. Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió.

10. Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanutha.

11. Y vinieron los Fariseos, y comenzaron á altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole.

12. Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal á esta generación.

13. Y dejándolos, volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte.

14. Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco.

15. Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes.

16. Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.

17. Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿no consideráis ni entendéis? ¿aun tenéis endurecido vuestro corazón?

18. ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿y no os acordáis?

19. Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce.

20. Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.

21. Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

22. Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.

23. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo.

24. Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles.

25. Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vió de lejos y claramente á todos.

26. Y envióle á su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas á nadie en la aldea.

27. Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

28. Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas.

29. Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo.

30. Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno.

31. Y comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

32. Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó á reprender.

33. Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.

34. Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

35. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

36. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma?

37. ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

38. Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

1. TAMBIÉN les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia.

2. Y seis días después tomó Jesús á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y los sacó aparte solos á un monte alto; y fué transfigurado delante de ellos.

3. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.

4. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.

5. Entonces respondiendo Pedro, dice á Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y para Elías otro;

6. Porque no sabía lo que hablaba; que estaban espantados.

7. Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: á él oíd.

8. Y luego, como miraron, no vieron más á nadie consigo, sino á Jesús solo.

9. Y descendiendo ellos del monte, les mandó que á nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.

10. Y retuvieron la palabra en sí, altercando qué sería aquéllo: Resucitar de los muertos.

11. Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga antes?

12. Y respondiendo él, les dijo: Elías á la verdad, viniendo antes, restituirá todas las cosas: y como está escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada.

13. Empero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

14. Y como vino á los discípulos, vió grande compañía alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.

15. Y luego toda la gente, viéndole, se espantó, y corriendo á él, le saludaron.

16. Y preguntóles: ¿Qué disputáis con ellos?

17. Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje á ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,

18. El cual, donde quiera que le toma, le despedaza; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando: y dije á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

19. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele.

20. Y se le trajeron: y como le vió, luego el espíritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.

21. Y Jesús preguntó á su padre: ¿Cuánto tiempo há que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño:

22. Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.

23. Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible.

24. Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad.

25. Y como Jesús vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.

26. Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.

27. Mas Jesús tomándole de la mano, enderezóle; y se levantó.

28. Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?

29. Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

30. Y habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.

31. Porque enseñaba á sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día.

32. Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.

33. Y llegó á Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?

34. Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino quién había de ser el mayor.

35. Entonces sentándose, llamó á los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.

36. Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:

37. El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe; y el que á mí recibe, no recibe á mí, mas al que me envió.

38. Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue.

39. Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí.

40. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

41. Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

42. Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar.

43. Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;

44. Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.

45. Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;

46. Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

47. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna;

48. Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

49. Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.

50. Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.

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Este lívro compôe o Novo Testamento, tem 16 capítulos, e 678 versículos.